La fascinación de la sala oscura y la pantalla gigante

viernes, 20 de abril de 2007

De Casablanca a Baraka

"¿Te gusta el cine?". Eso es como preguntar si te gusta la música: todo el mundo responde que si. Muy pocas personas en nuestra cultura (yo personalmente no he conocido a la primera) no han quedado alguna vez en su vida fascinados en una sala oscura con una pantalla gigante, por algo que un personaje de una película ha hecho o dicho, por algo que una película les ha mostrado. Pero por algo existe la palabra cinéfilo (Aficionado al cine*). Esas personas que, para el resto del mundo, ya han cruzado la delgada línea de la salud mental en lo que a cine se refiere, debido, principalmente, a lo que clínicamente debería llamarse "sobre exposición al cinematógrafo". Bienvenidos a mi vida.

Pero no escribo para estos sobre expuestos. Escribo para la otra mitad. ¿Te gusta el cine? Sírvete una taza, y conversemos.

Hay dos películas que representan, para mi, dos extremos de muchos conceptos que adoro en el cine: Casablanca (1942) y Baraka (1992).

Todos hemos escuchado el nombre de ese monumento, Casablanca. Casi todos reconocen las referencias a ella, en otras películas, en comerciales, etc. Muchos saben un poco de la historia, o de los personajes. No todos la han visto. Debo confesar que yo mismo la vi muchos años después de presentar los primeros síntomas de sobre exposición.

Pocas historias en el cine han sido tan memorables (Digno de memoria*). Cada vez que cualquiera de los personajes abrió la boca en los 102 minutos de cinta dejó para la posteridad alguna frase de una solidez y contundencia tal que, aun 65 años después, seguimos teniéndolas a mano; y la historia de amor y sacrificios de los personajes aun nos conmueven al verla, una y otra vez. Es la máxima historia del cine.

Por otro lado, un poco menos conocida, tenemos a Baraka. Aunque no lo hayas notado, si la has visto, al menos algo de ella: en "The Matrix Reloaded" (2003), en la escena en que Neo se enfrenta a El Arquitecto, cuando éste le cuenta sobre cómo diseñó la matriz, aparecen en los televisores del fondo multitud de imágenes del mundo. La mayoría de estas imágenes fueron extraídas de Baraka.

El subtítulo de la película es "Un mundo sin palabras". Y nos brinda eso, y sólo eso: nuestro mundo, y sin palabras, un poema inmenso al mundo en que vivimos. No hay un solo diálogo, ni un narrador (afortunadamente) que nos arruine lo puro de la imagen y sus sonidos. La película siempre se ha clasificado como documental, pero yo prefiero seguirla llamando una "película", a secas, como llamamos a las otras. Porque la película nos cuenta, nos dice, de nuestro mundo, los seres que lo pueblan, y lo que hacemos en él. Es la máxima narración visual.

Si al cine pudiéramos definirlo, muy sumariamente, como una narración audiovisual (en palabras más simples, nos cuenta una historia, apoyado en imágenes y sonidos), entonces estas dos películas serían las mejores muestras de esto: Casablanca, su historia, sus personajes y sus diálogos; Baraka, una narración en sonidos e imágenes.

* Diccionario de la lengua española

Artículo publicado en Ajoporro el 13 de abril del 2007